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Cómo las etiquetas son, para algunos, disparador, y para otros, anclaje.

Hace poco invité a una cantante a colaborar en una canción y la propuesta fue rechazada por ser de “otra onda”. Me dijo que quería cuidar su imagen ya que manejaba otro perfil, otro camino estético, y que se sentía muy expuesta haciendo algo diferente. Ojo: la decisión es perfectamente válida; por supuesto que cada quien tiene, afortunadamente!, el poder de manejar su carrera como mejor le parezca. Sin embargo, yo la había buscado porque justamente era otra onda, y me parecía interesante la mixtura. Todo esto me dejó pensando en las etiquetas: cómo algunos buscan mantenerse dentro de un marco, y cómo otros buscan huir.

En lo que a mí respecta, pienso que es mucho más nutritivo “lo otro”, lo arriesgado, el intentar cosas nuevas, evitar clasificarse dentro de un solo género. Y ni hablar de lo bueno de exponerse ante nuevos públicos, abrir la audiencia. Por eso, cuando los DeMarco Project me invitaron a participar en una canción electro-folk, ni lo dudé y me mandé con un *rap*. Cuando invité a las chicas de Les Diabolettes a cantar una cumbia, se re prendieron porque les divertía hacer algo diferente (y eso que ellas cantan canciones de los 50´s en inglés). Lo mismo con los chicos del Ensamble Chancho a Cuerda: son músicos de conservatorio, pero les divierte hacer otras cosas, llámese pop o folk. Y así yo también participé en proyectos como Trans-X, cantando italo-dance de los 80`s, o en Sonido San Francisco con la electro-cumbia, o con un indie viajero junto a Diego Medellín, entre tantas cosas más que ni siquiera están registradas.

Es cierto que algunas veces me dio miedo estar “picoteando” tantos estilos. Pensaba que mi audiencia no iba a saber para dónde ir, que el camino iba a parecer errático, que era mejor la “especialización” que la variación, que era mejor “hacer carrera en un solo camino” y no cambiar el rumbo según cambien los vientos. Darle duro y parejo a un estilo, a un proyecto, a un sendero, con eso del “persevera y triunfarás”. Trabajar, persistir y exponer un solo perfil.

Pero todas estas consideraciones partían desde el afuera: qué dirán, qué van a pensar, qué debo mostrar, qué le debo a los demás. Y después de mucho camino recorrido, decidí cambiar el enfoque y empezar desde adentro: qué tengo, qué quiero, qué soy, qué no soy.

Y ahí me descubrí multi todo: multi gustos, multi facetas, multi intereses, multi ganas. De esta multi-plicidad de yoes, nació Apurar La Primavera, que es un disco difícil de etiquetar, pero tremendo espejo interior.

(Nota: con mi amigo Tony decíamos que el disco tiene canciones monogámicas y poligámicas, para referirnos a los enfoques y las mujeres que viven y cantan en cada uno).

Hoy pienso que lo valioso es el cambio, la maleabilidad, la gracia con que uno pueda mecerse con la corriente. Que no hay un camino (¿se hace camino al andar?), y que no hay reglas sobre cómo debe ser la trayectoria de un artista: uno mismo es brújula, timón y timonel.

También pienso que no vale la pena estar pendiente del afuera, buscar la aceptación, buscar solo “lo que vende, lo que funciona”… Sí, es bueno tenerlo en cuenta como una arista más dentro del intrincado cristal con que se materializa una obra, una canción, pero lo que mejor funciona (a mí entender) es seguir el impulso primordial, la intuición.

En mi caso, desde un principio estuvo presente la idea de abrir el abanico y evitar las etiquetas. Es más, apenas grabamos Apurar La Primavera, surgió la necesidad de reversionarla de una forma más simple, solo con ukelele y voz. Y de participar con otros artistas, haciendo otras cosas: rap, electro, baladas, pop, rock, cumbia, son, experimental, melódico, rítmico, anárquico, meloso, pachamamesco, coplas, rimas, sapucais, lo que venga! Pero salirse, salirse constantemente del molde, probarse en nuevas aventuras, medirse en nuevos desafíos, empaparse de nuevas colaboraciones con otras mentes, otros pulsos y otros espejos.

Supongo que solo así puedo sentir que me represento y me develo: un cuerpo que se comunica a través del canto, y en ese canto, mi búsqueda es explorar todas las tonalidades, texturas, comuniones, desvaríos, intenciones e intensidades que pueda imaginar. Porque para mí cantar es vivir, y vivir es buscar, y buscar es jugar. Nunca, nunca, nunca voy a parar de jugar.

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