El ejercicio de sentarme a pensar en una pregunta simple y fundamental: ¿en qué creo?

Uno sabe que cree en muchas cosas, uno sabe que tiene sus causas. Pero nunca está de más el ejercicio de volcar en un papel (aunque sea virtual) su propio credo. Escribir es ordenar. Ordenar es clarificar. Y solo desde la claridad, decanta la acción efectiva.

 

CREDO

Creo en el perdón. No en una fonética del perdón, sino del perdón verdadero, integral, del que duele, del que que cuesta, que implica una lucha interna para sobreponerse al ego. Un perdón basado en la comprensión de que todos estamos confundidos en esta vida, un perdón basado en la compasión, en el entendimiento de que todos buscamos solamente la felicidad, y que cada uno traza los caminos que puede.

Creo en la comprensión profunda. Creo que podemos desarmar nuestras propias convicciones, lo que equivale a decir que podemos armar nuestras propias convicciones. Creo que poniéndole cabeza a las situaciones, pero cabeza fría, analítica, lógica, todos podemos llegar a darnos cuenta de la confusión en que vivimos.

Creo en la educación de la mente. Creo que solemos dejar que la mente nos controle, en lugar de ponerla a nuestro control. Creo que hay potencialidades ocultas, increíbles potencialidades, que valen la pena cultivar. La visión, la percepción, la atención, la intención… Todas estas facultades pueden profundizarse a través de técnicas específicas, que son, en realidad, tecnologías específicas.

Creo en el desarrollo personal a través de la mente y el ejercicio. De la mente, ya dije mucho, excepto que está íntimamente relacionada al cuerpo, de hecho, el cuerpo es mente también. Y el ejercicio es una forma más (una excelente forma) de optimizar ese vasto sistema mente-cuerpo. Si la mente grita, el cuerpo la puede acallar. El cuerpo es nuestro sensor, nos conecta con el ambiente, nos relaciona a través de sensaciones, y nos integra con el (mal llamado) “afuera” a través de la respiración, el contacto y el sonido. Respiramos, y hacemos ingresar el mundo a nosotros. Hablamos, y nuestras vibraciones se integran a la atmósfera.

Creo en la meditación como tecnología para limpiar la mente.  Creo en el poder de la palabra. Creo en el poder del pensamiento. Creo en la poesía como idioma divino. Creo en la música como idioma divino y original. Creo en el sexo como portal al misterio. Creo en la relatividad del tiempo. Creo en la flexibilidad del tiempo. Creo en echar luz hacia el pasado. Creo en una misión personal dentro del árbol familiar. Creo en que el amor puede y sigue forjando nuevos territorios del corazón. Creo que el alma nace cada día. Creo que el estado vibracional de un individuo atrae experiencias del mismo tipo.

 

Ése es mi credo.

Y ésas son mis causas.

 

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