Una amiga me invitó a un juego. Debía responder: ¿qué hago diariamente para materializar mis sueños?

Fui a la escuela en la década del 90, cuando la tecnología no estaba tan extendida (ni internet, ni la telefonía celular). En aquél entonces, los cuadernos eran nuestro medio de comunicación y nuestra red social, y teníamos muchos juegos “de escribir”: el tutti frutti, las preguntas y respuestas, el “yo soy”, cuestionarios random… Cada compañero de clase se sinceraba en esas páginas y el cuaderno iba pasando de mano en mano, era un cuaderno colectivo en el que todos ensayábamos lo que éramos pero, sobre todo, lo que queríamos ser. Escribíamos nuestros nombres muchas, muchas veces, intentábamos darle nuestra personalidad a esas hojas mediante dibujos y colores, copiábamos frases y fragmentos de canciones, explorábamos nuestras banderas, himnos y credos. ¡Hermosas épocas! (En muchos aspectos, no extraño nada de la adolescencia ni quisiera volver a pasar por esa etapa. Pero hay algo de inocencia y de hambre en esos días, que es sagrado como el fuego y derrite mi corazón).

De grande, esos juegos se pierden, por eso, cuando mi amiga Agustina me propuso hacer esta dinámica, acepté encantada.

Muchas veces dejo todo lo que esté haciendo, solo por sentarme a escribir. Porque digo escribir, pero en realidad digo recordar. Recordar el cielo y el camino, qué hice y qué hago, qué quiero y a dónde voy. Escribir es recordar quién soy.

 

¿Qué hago diariamente para materializar mis sueños?

Para materializar mis sueños, todos los días intento observarme atentamente. Es un método indirecto, y a la vez el más seguro y consistente de todos: conocerse a uno mismo. Y antes de poder “hacer” cualquier cosa, hay que OBSERVAR, sin juzgar. Luego, ANALIZAR con sabiduría. Luego, recién, OBRAR.

Observo mis pensamientos. Intento des-alentar todos los pensamientos negativos, la imaginación inútil (la improductiva), la pre-sunción y el pre-juicio, y el sabotaje.

Observo mis palabras y aplico las 3 puertas antes de pronunciar cosa alguna: “¿Es verdad lo que estoy por decir? ¿Es útil? ¿Es necesario?”. Si lo que he de decir no es más bello que el silencio, mejor callar.

Observo mis acciones: en qué ocupo mi tiempo, qué actividades alimento y qué actividades me alimentan.

Observo mi cuerpo y sus necesidades de alimento, energías, actividad, reposo e INSPIRACIÓN. Procuro darme lo que necesito. Para eso, tengo que saber qué necesito: por eso, me observo.

Procuro pasar poco tiempo en redes sociales: solo lo necesario. ¡Un gran desafío!

Observo mis relaciones y pongo en tela de juicio todo, una y otra vez. Nada se da por sentado, reviso constantemente el estado de mi corazón respecto de situaciones y relaciones profesionales y sentimentales.

Y leo. Leo sobre psicología evolutiva, desarrollo personal, física cuántica, medicina y espiritualidad. Eso me ayuda MUCHO a ocupar mi verdadero lugar en el mundo. No solo como persona individual viviendo una vida individual, sino como una célula dentro del gran sistema cósmico. Reviso y considero mi relación con el medio ambiente, con mi árbol genealógico y con mi cultura. Intento encontrarme en el entramado que teje mi destino personal con el destino de la humanidad.

Mis sueños no pueden estar separados del sueño del mundo. Y hablamos de SUEÑO, cuando en realidad estamos hablando de DESPERTAR…

 

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