Me gustó la entrevista que me hicieron en Primera Edición (diario misionero), así que comparto:

Dar entrevistas es todo un tema. Las que son en vivo tienen esa espontaneidad y frescura que a veces nos sorprende a nosotros mismos (los que estamos entrevistando y/o siendo entrevistados), y es lindo ver a los ojos a alguien, y contar historias con matices en la voz y movimiento en las manos, y reír (río mucho en las entrevistas, me invade una especie de emoción por ese momento, tan presente), pero confieso que no suelo mirar a posteriori las entrevistas que dí (porque se me enciende el juez interior y siempre termino pensando “debería haber dicho tal cosa o hecho tal otra”).

Ahora, las que más me gustan son las entrevistas por escrito, ésas donde me envían las preguntas y puedo tomarme el tiempo de pensar con claridad qué palabras o qué ideas, exactamente, quiero transmitir. Desde muy chica me encanta el ejercicio de escribir. A los 8 años me regalaron el primer diario íntimo (¿por qué ya no se acostumbra usarlos? Cuadernos con candadito, la llave escondida como un tesoro) y desde entonces, no pasa un solo día sin que escriba: cartas, canciones, poemas, pensamientos, lo que sea, pero escribir es como respirar. Hay libertad en ese acto.

Entonces, me gusta cuando me envían entrevistas por escrito y puedo conectarme con una parte serena de mí, profunda y analítica, poeta.

Hoy les quiero compartir esta entrevista que me hicieron de un diario (periódico) misionero (de la provincia argentina en la cual nací, Misiones). Este tipo de entrevistas son una oportunidad para bucear en mi interior, o hacer un recuento del pasado, del tiempo, de los logros, los sueños y el futuro.

Todo, al fin de cuentas, es una excusa para el auto-conocimiento.

Sin más, ¡vamos!

 

  • ¿Cómo fue tu llegada a México? ¿Cómo te recibió ese país? ¿Por qué México? ¿Extrañas Argentina?

Mi relación con México es particular, ya que tuve dos “llegadas”.

La primera fue en el año 2005, y me quedé 9 años. Durante ese tiempo me dediqué a varias actividades, además de la música (moda, arte y publicidad, sobre todo). Tejí redes, hice contactos, viví en la ciudad, viví en la montaña, conocí sus paisajes, colores, sabores y cultura, y participé en varios proyectos musicales que me llevaron a viajar aún más lejos (Europa, Australia).

Luego pasé un periodo en Argentina, la Madre Patria o la “matria”, matriz creativa, útero, semilla, lugar de origen. Allí gesté mi primer disco solista “Apurar la primavera” y comencé a moldear mi carrera solista.

Ya con un disco bajo el brazo, y 100% comprometida con mi carrera musical, regresé a México en 2017 para darle “alas” al proyecto. México es la capital musical más importante de Latinoamérica, y sentí que no debía desaprovechar lo que ya tenía sembrado en este hemisferio: redes, contactos, etc. Así, me instalé nuevamente en la Ciudad de México.

Además de ser una plataforma cultural rebosante de vida, México tiene un mercado fuerte y extenso. Hay consumo (de arte, de entretenimiento, de todo), con lo cual, las posibilidades se multiplican. No es que sea más “fácil”, sino simplemente más posible. Es más posible dedicarse al arte como forma de vida, es más posible vivir haciendo lo que a uno le gusta.

A esto se suma la situación político económica de Argentina, que no solo no ayuda, sino que directamente “expulsa” el talento. Cierran los foros independientes, la gente no tiene plata y obviamente la industria del entretenimiento (y todas las demás) se ve afectada, el mercado es chico, se quitan subsidios, se quitan apoyos, las políticas actuales se centran en “quitar, cerrar, oprimir, suprimir, desalentar, desmantelar”. Las opciones, para mí, eran dos: dedicarme a otra cosa para poder subsistir, dejando de lado mi vocación; o migrar de país, buscando las condiciones que eleven, potencien y expandan mi arte, mi voz, mi visión y mi misión en la vida.

Y me fui.

 

ELEGIR es aprender a decir que NO a mil cosas que también nos gustan. Dar algo a cambio de obtener algo. Una ley física, natural y de la vida: para que algo nazca, algo tiene que morir.

Y yo extraño mis afectos, extraño el aire limpio de Buenos Aires (cosa rara en una urbe), extraño el paisaje misionero, el ritmo que toma la vida cuando se alinea con la naturaleza. Pero no me arrepiento de mi decisión, porque fue una decisión LIBRE, y porque soy afortunada de poder elegir.

Mi vida soy yo y mis decisiones. No tengo ataduras extremas hacia los lugares o las personas: mi brújula es mi corazón. Hacia allí voy.

(fin de la entrevista, que puede ser leída en su medio original aquí)

 

 

Escribir es empezar sin saber qué decir y terminar sin saber lo que se ha dicho. 🙂

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